Le teníamos ganas. Y eso ya dice mucho.
Hay sitios a los que vas por inercia. Y otros a los que vas porque te apetece de verdad.
Nada más entrar en el restaurante que No Existe hay un aura de sosiego y calma. Ahora que nos hacemos mayores es de mis cosas favoritas del mundo: un lugar agradable, de buen producto, donde gozarlo con pausa. Se siente el buen hacer. A No Existe le teníamos ganas. Y lo elegimos para celebrar nuestros 7 años juntas, Inés y yo.
Fuimos por varias recomendaciones de Javier González, al que seguimos a pies juntillas con cariño porque es un recomendador versátil y autentico. En verano nos hizo parte de la ruta gastronómica por Tailandia gracias a él y sus stories. Un tipo noble, sin pretensiones. Se le ve, y eso nos gusta.
Cocina de mercado sin aspavientos. Carta cambiante, producto mandando, técnica con oficio detrás (se nota la escuela). Sala afinada, cercana, con buen equilibrio entre profesionalidad y calidez real. Nada impostado. Lo que nos gusta.
Y algo que nos hace especialmente felices a las de espíritu glotón: medias raciones. Benditas sean. Hagamos una ODA A LAS MEDIAS RACIONES. Poder probar más cosas sin salir rodando es uno de los grandes placeres contemporáneos de este momento. Compartir, picotear, repetir bocado. Quedarte con ganas de más. Eso sí es modernidad bien entendida.
Lo que comimos (y disfrutamos)
- Laminado de pez limón con punto picante, fresco y adictivo.
- Verdura Sapiens (qué bien tratada la huerta cuando se respeta).
- Foie a la plancha con reducción de Oporto, clásico que nunca falla si está bien ejecutado.
- Borriquete con beurre blanc, pescadazo gaditano con salsa fina.
- Wellington de corzo con apionabo y chirivía, profundo y elegante.
Cocina honesta. Producto bien tratado. Sin fuegos artificiales innecesarios.
La bodega
Breve pero con criterio. Pequeños productores, vinos que se salen del carril fácil. Y eso, a nosotras, suma puntos.
Lo que importa de verdad
Relación calidad-precio muy bien afinada.
Y sí: merece la pena desplazarse a Pozuelo para este festejo.
Pero lo más importante no es eso.
Lo verdaderamente relevante cuando descubres un sitio nuevo es una sola cosa: querer volver.
La restauración en Madrid no se sostiene por la novedad constante, sino por la capacidad de que regreses tres o cuatro veces al mismo lugar. Ahí está el éxito largoplacista. En generar repetición real, no hype de una noche.
Nosotras volveremos. En primavera que está al caer.
Y eso, en el fondo, es la mejor reseña posible. VOLVER.







